Encuentros del mundo del vino con Carlos de la Morena

Por Fructuoso López

Traemos hoy a ‘Copa y Cuchara' al periodista Carlos de la Morena. Nacido en Talavera de la Reina (Toledo), ha sabido vincular su trayectoria en el mundo del periodismo con la divulgación de la cultura del vino, que conoce en profundidad, y en particular de los vinos de Castilla La Mancha.


Imagen de twitter de @carlosdelamoren

Carlos de la Morena es periodista de RTVE en Castilla la Mancha, de la que fue director y en la que elaboró y dio a beber durante varios años un programa que se llamó "De vinos". Además, de la Morena coordinó la edición de un interesante tratado llamado ‘La cultura del vino en Castilla-La Mancha'. Este extraordinario libro empieza con una máxima que no tiene desperdicio: "¿Quién denigrara al sol, padre y tutor de todo lo creado? Más, si calienta más de lo debido, ¿no es cierto que hará daño y quebrantará la salud? No inculpes pues al vino, si alguna vez te ves atacado por él. Cúlpate a ti mismo que, dotado de ingenio, te prestas a ser su víctima" (Alfonso López de Corella, médico del siglo XVI).

Según Thomas Matthews, editor jefe de Wine Spectator, Shakespeare bebía amontillado para escribir, ¿se puede saber qué vino suele usted tomar para lo mismo?

Shakespeare fue un genio, pero los ingleses solo sabían beber vinos jerezanos. Prefiero a Borges, que también se inspiraba con el vino y no tenía esas limitaciones. Yo escribo peor, pero también me ayudo con el descorche de una botella. Sobre todo, cuando no acude Casiopea, la musa de los poetas. Y eso sí, solo me inspiro con buenos vinos; los otros me bloquean el intelecto. Hay quien dice que el consumidor de vino es infiel patológico mientras que el del refresco es fiel, siempre quiere el mismo sabor. ¿Qué le parece?

Los apasionados del vino somos, además, inquietos e inconformistas. Siempre deseosos de descubrir, de conocer, de encontrar nuevas sensaciones y emociones gozosas. Nos gusta un vino y queremos encontrar otro mejor, nos gusta un aroma y queremos superarlo. Nos mueve el afán de conocimiento, de novedad. No sé si he contestado a tu pregunta... Llevo varios meses catando y bebiendo vinos de 1,5 euros litro aproximadamente y de variados orígenes, en bag in bog la mayoría. El balance -y no me sorprende- ha sido muy satisfactorio. ¿Cree que vincular calidad solo con precios que superan los 10 euros, por ejemplo, es un error?

Ya lo dijo el poeta, solamente el necio confunde valor y precio. El problema es que vivimos en una sociedad muy mercantilista que cree que lo caro siempre es mejor. Yo tengo una edición de El Quijote más barata que muchos libros que, en calidad literaria, ni se aproximan a la obra de Cervantes. Son los dislates que tiene el mercado. Además, en el vino siempre hay un elemento de emoción, de sentimentalismo, del momento de beberlo y con quién beberlo. Y eso no está en el precio, pero sí en el valor. ¿Por qué nos está costando tanto la transición, especialmente en algunas zonas, del granel al embotellado? ¿Por qué el queso manchego es sinónimo de calidad y el vino no ha logrado establecerse en el imaginario colectivo del mismo modo?

Tomar decisiones para los grandes volúmenes de vino de nuestra región conlleva hacer las cosas más despacio que en otras comarcas. Y creo que la gran revolución vitivinícola de finales del siglo pasado, nos pilló con otra revolución pendiente, la del cambio generacional. Fue necesario que agricultores y bodegueros dejaran paso a los jóvenes bien formados para emprender así todos los cambios que estaban pendientes. Pero aquí todo va... un poco más despacio.

Ahora ya no hay vinos buenos y malos; solo hay vinos buenos y mejores. Pero el imaginario colectivo se resiste a creerlo porque, como consumidores, tenemos grabado en el cerebro que grandes cantidades no pueden tener grandes calidades. Esto, por defecto, lo pensamos para cualquier producto. Ese es el hándicap de La Mancha en la mente del consumidor desinformado. Hay quien opina que en España dominamos la enología, la viticultura menos, pero aprobamos, y, sin embargo, suspendemos en marketing ¿Está de acuerdo?

Totalmente de acuerdo. En esa revolución de la que hablaba antes, nosotros empezamos por mejorar la viña, para después hacer mejores vinos y luego ya... venderlos. Otros espabilados se preocuparon de mejorar su imagen y sus ventas desde el principio. Y pienso en los vinos de California, por ejemplo. Quizá nos hemos recreado en la tradición, la historia, la cultura y esas cosas y pensábamos que con eso el vino ya estaba vendido. Curiosamente en los tiempos que mejor vino se está elaborando en España, estamos consumiendo menos vino que países como Suecia, es decir, consumimos menos que nunca.

Es lo que yo llamo "la paradoja española": somos grandes productores, de muy buenos vinos, consumidores históricos pero ahora andamos bajo mínimos. Y a diferencia de "la paradoja francesa", ésta nuestra no tiene explicación científica. Me recuerda a mi admirado Julio Camba, de quien se dijo que tenía un secreto, pero nadie supo nunca cuál era. El bajo consumo de vino en España es un misterio del que se habla mucho, pero del que nadie ha descifrado las causas. Relacionado con lo anterior, hay quien dice que tiene mucho que ver la educación que estamos dando a la juventud. Dice Jancis Robison, importantísima crítica de vinos en Europa, que le preocupa el futuro del sector porque ve que a los jóvenes no les interesa el vino. ¿Qué le parece?

Los griegos, que eran sabios, disfrutaron del vino con entusiasmo; y hasta le pusieron un dios, Dionisos. Los romanos, que no eran tontos, le cambiaron de nombre, Baco pero disfrutaron lo mismo con el vino. Siglos después seguimos bebiendo con gozo. El vino está en nuestras fiestas, en nuestras comidas, en nuestra manera de vivir. Conozco a muchos jóvenes (por cuestiones de docencia, ya sabes) y no son tontos, veinticinco siglos después no van a renunciar a uno de nuestros placeres históricos. Solo hay que ayudarles a descubrirlo. Algunos proyectos podrían contribuir a acercar la cultura del vino adecuadamente a las nuevas generaciones. En Alcázar de San Juan se está proyectando construir un "jardín de los viñedos", cerca de los institutos, con este fin. La idea es que los chavales conozcan y valoren el proceso desde que se planta la vid, distingan distintos tipos de uva, etc. ¿Le parece una buena iniciativa?

Me parece una gran idea. Conocer las vides, entender la tierra, estrujar las uvas... parece un proceso natural que conduce al vino. Ojalá funcione y al final de la visita puedan, quizá, olisquear aromas, compartir sensaciones y entender lo que es una bebida alcohólica natural que, entre otras cosas, está en el epicentro de la economía y la historia de los últimos 150 años en Alcázar de San Juan. Puede definir en tres conceptos su filosofía vinícola. El gusto por los placeres de la vida. El gusto por descubrirlos. El gusto por compartirlos. ¿Qué tal llevó el confinamiento y esta época tan compleja que estamos viviendo? A mí me ayuda el vino -ojo, sin sobrepasar la cantidad diaria recomendada por la OMS-.

Pues tuve suerte porque me pilló con la cava llena. Y los días de confinamiento, aunque seguí trabajando, tuve más tiempo de estar en casa y más tiempo para el descorche. Yo bebí más vino (siempre cumpliendo las recomendaciones de la OMS, por supuesto). Hasta el punto de que cuando llevé las botellas vacías al contenedor de reciclaje de vidrio me quedé estupefacto. Ahora he reducido las visitas a los bares, porque salgo lo justo. El vino, en casa. Pero cuando tú quieras, amigo, (y las circunstancias lo permitan) podemos recuperar el vino no bebido. Para despedirme de una persona que más que un experto en vinos es un experto en saborear cada momento, quiero recordar una vez más, a Don José Vicente Guillen Ruiz: "Tras un vaso de vino se puede reconocer el proyecto cultural, económico y social de un entorno; la reflexión propia del consumidor y del ciudadano ante una sensación y la historia de un producto nacido para agradar". Bueno, puesto que estaremos de acuerdo en que el vino se elabora para compartir, pronto deberíamos aplicarnos la frase.

¡No te pierdas ni una gota!

© Copa & Cuchara 

2020

Madrid, España