Proyecto medioambiental y didáctico

Por Justo López Carreño



Se trata de un proyecto interesante, oportuno y necesario, aunque esta necesidad anida más, por el momento, en la mente y el deseo ilusionado de su creador que en la de los posibles receptores: docentes y alumnado, de los que no ha partido la demanda, como tantas veces ocurre, para que después puedan sumarse y ver transformadas sus expectativas.


Fructuoso López, mi primo y enólogo, fue quien concibió la posibilidad de crear, en una parcela cercana a los centros públicos de enseñanza secundaria, un lugar donde el sector más joven de la población conociera de primera mano los cultivos milenarios que han dado vida y riqueza a esta tierra, con todas sus técnicas, dificultades y satisfacciones.


Esta labor, de marcado carácter docente, no es nada sencilla de aplicar dadas las rigideces del sistema educativo en cuanto a contenidos, métodos y tiempos, de los que Frutos no es conocedor, aunque a cambio, si lo es de todo el ciclo de labranza, preparación y recogida de cosechas, incluso en esos mismos terrenos en los que vivió en propias carnes esas experiencias en edad juvenil, además de su posterior vinculación al sector vinícola como enólogo profesional. Presentado el proyecto en su embrión original, nos consta que los diversos grupos políticos locales lo recibieron con interés favorable, e incluso Equo presentó una moción para su puesta en marcha, que fue aprobaba por unanimidad. No obstante, ha sido recientemente cuando el Equipo de Gobierno local, dirigido por Rosa Melchor, ha decidido acometerlo modificando y ampliando algunos de sus contenidos y posibilidades.




El proyecto en la actualidad se sitúa en unas parcelas de aproximadamente dos hectáreas de extensión situadas en terrenos cercanos a la Depuradora de Aguas y la antigua laguna de La Veguilla, que tantos problemas ocasionó en décadas precedentes. Estos terrenos, de naturaleza arcillosa y en los que también se encontraron algunos fondos de cabaña del periodo calcolítico, aunque de escaso valor arqueológico, han sido parcelados con la intención de acoger tres tareas medioambientales de marcado acento ecológico y didáctico.

Por un lado se encuentra el llamado Bosque de la Vida, un terreno destinado a la plantación de especies autóctonas, como la encina y otras que han ido perdiendo ejemplares pero que, en su momento, fueron definitorias de gran parte de nuestras masas forestales cercanas y que aún perviven pese al maltrato y la extracción salvaje a que fueron sometidas en aras de su transformación en superficies de cultivo. La idea es que por cada nuevo recién nacido en nuestra población, su familia plante un ejemplar en este bosque.

A continuación hay un terreno preparado para la siembra de los cultivos más característicos y arraigados en la zona como son el trigo, la cebada y el azafrán, para que pueda también apreciarse su proceso de acondicionamiento del terreno, siembra, roturación y cosecha de sus respectivos frutos llegado el momento.



Por último, llegaríamos a la parcela que ocuparían las especies más simbólicas de nuestra agricultura, lo que sería propiamente el Jardín de los Viñedos, acompañado también de otros cultivos representativos del terreno como olivos, almendros y pistachos, estas dos últimas especies de más reciente explotación pero de un auge importante en los últimos años

La vid se ha distribuido en un total de 306 plantas correspondientes a seis variedades, tres de uva blanca y tres de tinta. Entre las primeras figuran la Airén, la más abundante de la zona, la Macabeo o Viura y la Chardonnay. Entre las tintas se encuentran la Cencibel o Tempranillo, la Garnacha y la Cabernet Sauvignon. Cada una de las variedades ocupa un hilo con 51 plantas, de las cuales las 17 primeras son de pie bajo, es decir, de cepas de tipo tradicional y las 34 siguientes en espaldera. Todas ellas han sido injertadas sobre pie americano con portainjertos R-110 para protegerlas de la filoxera y, en la actualidad, dada su tierna existencia y la abundancia de conejos depredadores en la zona, están protegidas por cilindros de cartón y adaptadas a la posibilidad de hacer frente al cambio climático, por lo que contribuyen a su rigor ecológico en ausencia de plásticos u otros contaminantes.

El reto está ahí listo para su desarrollo, evolución y mantenimiento. Otros elementos necesarios para una mejor práctica educadora y divulgativa vendrán dados cuando el paso del tiempo y las necesidades lo vayan demandando. Está previsto incluso la elaboración, a pequeña escala, de algunas cantidades de vino. Esta especie de Aula Agrícola, como también la han gustado en llamar los responsables del gobierno local, es una ventana esperanzada para la concienciación de las generaciones más jóvenes sobre la importancia del sector primario en nuestra economía. Algo que anotaremos en su haber si la empresa llega felizmente a término, pero también en el debe si, como ocurrió con otros macro proyectos ilusionantes – Tramos de la Ruta del Quijote o Tablillas del Záncara hasta la junta de los ríos – se convierten en inversiones inútiles con despilfarro de dinero público y que ahí están a la vista de todos como ejemplo de desidia y mala gestión. Si por el contrario cuaja y se convierte en un lugar emblemático, será la primera zona que una corporación alcazareña, desde tiempos democráticos, habrá logrado destinar para uso y disfrute medioambiental y didáctico de su ciudadanía.